Al mal tiempo, sonrisa filipina

22 de diciembre de 2012. Vuelo de KLM Barcelona-Amsterdam-Taipei-Manila

«Uno de los países más interesantes, bellos y mestizos de Asia”, escribe en su blog Jordi Joan Baños, corresponsal de La Vanguardia en India y antiguo compañero mío de redacción en D.S., en un apasionado “post” dedicado a las Filipinas (http://blogs.lavanguardia.com/india/mas-se-perdio-en-filipinas#more-222).

Y añade que los habitantes del archipiélago asiático, que alcanzará pronto una población de cien millones, son “los latinos de Asia (en Estados Unidos, a menudo se sienten más próximos de los latinos que de otros asiáticos). De hecho es difícil no sentirse un poco en casa en Filipinas…”

A mí, más que sentirme como en casa, en Filipinas me sucede que estoy en casa… de mi suegra, claro. Me cuesta tomar un poco de distancia para hablar del país que visito siempre por cuestiones familiares y que condensa una extraña y delicada contradicción para mí: inmediatamente te sientes muy cómodo en su cultura (por cuestiones religiosas, lingüísticas, culinarias, y por su fantástica hospitalidad) pero tarde o temprano experimentas ciertas diferencias culturales o dificultades de comunicación.

“Son asiáticos disfrazados”, se le ocurrió a un amigo mío, no sin cierta razón. Básicamente se trata de que no te lo cuentan todo, al menos de golpe. Quizás por miedo o por timidez, te enteras de las cosas al final. Simplemente, hay que estar preparado para todo. 

El citado post de Jordi Joan Baños trae abundante historia y datos curiosos sobre el país con más católicos en Asia, así que me ahorraré algunas teclas para limitarme a unas pinceladas de interés, antes de que el ritmo del pueblo me fagocite sin remedio.

Tres siglos de colonia

Parece mentira que Filipinas fuese colonia española durante más de tres siglos­ y sepamos tan poco de ella. Aunque después de estos “300 años de convento” tomaron sus riendas los americanos (“50 años de Hollywood”) y tuvieran que soportar una breve pero funesta ocupación japonesa, el legado hispano pervive, por ejemplo, en algunos centenares de vocablos que asimiló el idioma tagalo. Aunque algunos filipinos no son conscientes de ello y cuando beben de un “baso” y comen “arroz caldo” con “cutsara” y “tinidor” “alas siete” de la tarde, sentados en una “silla” creen que está hablando puro tagalo.

Y ha quedado la religión, claro: la comunidad católica de Filipinas es la mayor de Asia y la tercera del mundo. Unos 82 millones de católicos para los que no se contempla el divorcio ni el aborto.

A más de 11.000 quilómetros de España, y con 7.107 islas repartidas entre los tres archipiélagos de Luzón, Visayas y Mindanao, a Filipinas llegó el navegante portugués Fernando Magallanes en 1521, aunque fue asesinado poco más tarde en la isla de Mactan por el jefe local Lapu-Lapu (que hoy día da su nombre a un excelente pescado, por cierto).

Tuvo que llegar Miguel López de Legazpi para sentar las bases de la colonia, que se alargaría por el increíble tiempo de 300 largos años, aunque sin la penetración y alcance de América. Un dato curioso es que el nombre de Filipinas les fue dado en honor al rey Felipe II, hijo de Carlos I, pero…el fonema  F no forma parte del tagalo, así que no es extraño oír, y de hecho así los escriben, que el país es Pilipinas y ellos son pilipinos.

España perdió Filipinas en 1898 junto a Cuba y Puerto Rico, como es bien conocido, pero los EEUU no trajeron nada bueno a sus habitantes y la guerra con los rebeldes estalló al año siguiente. Como si no hubieran tenido bastante con luchar contra el yugo español, con sucesivas y sangrantes batallas que culminaron con un mártir de gran significado, José Rizal. Con la Segunda Guerra Mundial llegó aquí Japón, que se fue dejando un rastro de muerte, con Manila destruida bajo las bombas de uno y otro bando… Poco quedó en pie del legado colonial en Intramuros. Manila, la perla de Oriente, ya nunca más sería la misma.

Cuando todos los poderes extranjeros se fueron por fin, otro castigo estaba por venir: los propios políticos filipinos corruptos encargados de saquearlos , gobierno tras gobierno. Un historial donde parece que la presidencia se herede por tradición familiar, más que por las urnas.

El senador Benigno “Ninoy” Aquino, asesinado en el aeropuerto de Manila cuando volvía del exilio en 1983 para convertirse en el presidente más querido y popular, era el marido de Corazón Aquino, más tarde presidenta “Cory” Aquino. El nuevo actual presidente Aquino, Ninoy, es el Junior, claro.

¿Y qué decir de los Marcos? Ferdinand, que tienen en su triste honor de haber instaurado en 1972 la odiada “Martial Law”, vio como su férrea y violenta dictadura militar se iba a pique en 1986 tras la revolución en las calles, el “People Power”. Moriría en el exilio en 1989 pero su mujer Imelda no dudó en volver al país y entrar de nuevo en política, como si nadie se acordara de todo lo que robó el clan Marcos al pueblo filipino (según el Guinness Book of Records, tiene el récord del mundo en esta especialidad). Hoy Imelda, a sus 80 años, sigue como senadora y con una gran influencia en su región de Ilocos junto a otros miembros del clan familiar. Por cierto, el anterior presidente Fidel Ramos era primo segundo de Ferdinand.

Más parentescos: Gloria Macapagal Arroyo, la 14ª presidenta del país, es hija de un anterior presidente, Diosdado Macapagal, que fue el noveno en la historia de la frágil democracia filipina…

Y a la lista de calamidades sufridas por este pueblo hay que añadir, claro, las provocadas por el impredecible clima tropical, con sus tifones, huracanes, “heavy rains” y sus inmediatas consecuencias entre la población más desfavorecida: inundaciones y corrimientos de tierra que se tragan barrios enteros, generalmente los construidos de manera informal sin los perrmisos pertinentes. Ahora mismo el país aún se encuentra con al arduo trabajo de ayudar a las víctimas del reciente ciclón “Pablo” en la zona de Mindanao, en el sur, donde no parará la búsqueda ni en Navidad ni en Fin de Año, según leo en el periódico de tirada nacional The Philippine Star, sentado en un asiento de Businnes Class ­–pagas 20 euros más y tienes 30 kg. de equipaje- en el vuelo de la PAL Manila-Laoag , a la mañana siguiente de mi llegada a Manila.

Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta hora, todo lo sufrido y perdido, podría imaginarse uno a los filipinos como seres tristes, amargados, de carácter áspero o incluso perpetuamente cabreados. Pues todo lo contrario. Los filipinos afrontan su vida diaria con una sonrisa, con su contagiosa pasión por la vida, su humor, su paciencia y su calma. Se toman sus problemas incluso a broma. ¡Qué difícil es ver a un filipino enojado, gritando o maldiciendo! Si alguien pierde el control aquí es motivo de “hiya”, es decir, de vergüenza. Keep calm, ante todo.

¡Viva la sonrisa filipina! Brindo por ella con una San Miguel, cerveza filipina por excelencia. Pronto me voy a tomar unas cuantas. Y algún que otro whisky, coñac o ginebra de dudosa calidad y en horas intempestivas y de lo más insospechadas.

Y es que otra de las virtudes de la familia filipina saber montar una fiesta en cualquier momento.

© Texto y fotografías de Carles Cascón, 2012 Todos los derechos reservados

 

2 comentarios en “Al mal tiempo, sonrisa filipina

    1. Carles Cascón Autor

      Ei què tal, Jordi! Gràcies pel teu temps! Bé, tu tens els dos peus i les dues mans a l’Índia i a tot Àsia! Ha estat complicat anar a Filipines i no sabem quan podrem tornar-hi, tal com està tot. Però ha estat una bona immersió per la Carina. Si vols casa allà, tinc un munt de família, he he Una abraçada

      Responder

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