¿Cuántos años cumple Nanay? (escapada a la playa de Currimao)

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28, 29 y 30 de diciembre de 2012
El 29 de diciembre es el cumpleaños de Nanay (aunque hay discusiones sobre su edad verdadera) y para celebrarlo -y relajarnos un poco fuera del barangay un par de días después del intenso bautizo- nos llevamos a la familia a la playa. Además de nosotros tres y ellas tres (Nanay, Didith y su hija Kaela) invitamos a la pequeña Nikka, hija de Alma.

La idea era reservar on-line un par de habitaciones frente a la playa de arena blanca de Pagudpud, al norte, zona que ya conocemos. La llaman “Boracay of the North” por su belleza. Pero Didith insistió un mes atrás en que ella misma se personaría en el resort para cerciorarse de que fuera una buena elección y hacer la reserva sobre el terreno.

Al principio me pareció excesivo pero la verdad es que, tras comprobar la “falsa imagen” que exhibían algunas webs de éste y otro resort, que resultaba estar en obras, y sacar fotos que nos colgó en Facebook, tras algunos cambios de fechas nos sugirió encarecidamente escoger el Playa Tropical Resort. Éste no está en Pagudpud sino en Currimao, un barangay de unos 15.000 habitantes bañado por las aguas del South China Sea a media hora en coche al sur-oeste de Laoag City.

Todo un acierto que negoció (y regateó) también persona y que fue un gran descubrimiento: aunque abrió hace unos cuatro años, ni siquiera salía en la última edición (mayo de 2012) de la Lonely Planet, guía prestada que a estas alturas ya hacía días que dormía en un rincón de alguna maleta. Didith resultó mucho más efectiva.

Quizás por su incomprensible ausencia de la guía, y no sería la única, la mayoría de los clientes de este fantástico resort, con un bello y cuidado jardín y arquitectura de inspiración balinesa, eran filipinos. Como lo era también el contundente desayuno buffet: arroz, salsichas, huevos, pescado… amenizado con salsa de calamansit (el pequeño limón filipino), de pescado o de soja. Bueno, si no querías «Filipino breakfast«, se podían pedir unas tostadas o pancake.

Los dos días de ensueño que pasamos aquí con la familia, con las niñas pasándoselo en grande en la “infinite pool” -sus aguas se tocan en el horizonte con el mar- tuvieron su punto emotivo con el pastel de cumpleaños que Didith se trajo de Batac para que Nanay soplara las velas. ¿Cuántas, por cierto? Creíamos que 78, pero ella nos soltó que, bueno, “durante la guerra japonesa los archivos se quemaron”… Entonces, cuando regularizó los papeles, debió haber algún error porque ella siempre ha creído recordar que su madre li dijo que había nacido en 1934…

En fin… ¡Happy Birthday, Nanay!

Me siento en la obligación de dejar constancia del trato exquisito recibido en el Playa Tropical, resort construido con gusto y de excelente relación calidad-precio. A diferencia del pretencioso Fort Ilocandia, por ejemplo, donde te sientes observado (y amonestado) por estrictos vigilantes con walkie-talkie al más mínimo movimiento fuera de lo normal -como sacarse una foto, según comprobé en una visita esporádica a la piscina invitado por unos amigos-, aquí disfrutas de un maravilloso hotel con absoluta libertad y familiaridad. Prometimos volver.

Un ejemplo: tras despistarnos chateando en Sype con mi familia en el wi-fi de la recepción y que nos cerraran la cocina (a las 22h, hora filipina), se ofrecieron a llevarnos en coche a una modesta “carendería” (cafetería local) del pueblo, pillar las últimas raciones de pinakbet y adobo que quedaban y tomarlas en las mesas de la terraza del hotel sin problemas, con sus platos y cubiertos tras calentarnos la comida. Por suerte, el bar estaba abierto hasta la medianoche.

Por cierto, el barangay de Currimao está justo al lado del resort. Todo un placer sumergirse en su vida cotidana, con los pescadores a pie de arena vendiendo sus últimas piezas, los vendedores de maíz hervido moviéndose en tricycle, las piscifactorías tradicionales de tilapia, sus niños, su ropa tendida, sus canastas de baloncesto en mitad de la calle y su puesto de “PULIS”, claro, la comisaría de polícia.

Aquél día estaban preparando los “cottages” en la playa de cara la gran fiesta de Fin de Año, con sus pícnics y su explosión de fuegos artificiales.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados

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