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… and bye bye Manila (FIN)

Jollibee, último día en Manila

Jollibee, último día en Manila

Miércoles, 2 de enero de 2013
Bueno… ahora sí, estamos al final del viaje. Llegué ayer hacia las 10 de la noche a Manila con el último vuelo de Laoag de la PAL y en sólo media hora de taxi me planté en el City State Tower Hotel de Mabini St., donde tuve que preguntar en recepción en qué habitación estaban mi mujer y mi hija… Carina ya dormía, así que subí el equipaje y me fui al local de enfrente a cenar algo.

Creo que el restaurante se llama Calle 5. Tiene terraza y habitualmente ofrece música en vivo. Pillé una banda de chicas rockeras con una cantante con ganas de broma pese a que no había mucho público en esa resacosa primera noche del año. Enseguida me atendió una de las jóvenes y simpáticas camareras. Fui a tiro fijo y me pedí un chop-suey con gambas y una San Miguel, con un mango fresco de postre aprovechando que era mi última noche en Manila para disfrutar de esta maravillosa fruta tropical. Con su sabor de verdad, no madurado en cámaras frigoríficas.

Estrés de Manila
Hoy, 2 de enero, nos hemos levantado a las 7 de la mañana y enseguida nos ha estresado el ambiente de Manila. Quizás será porque venimos de “sa provinsia”, de la tranquilidad del pueblo, pero en poco tiempo nos hemos agobiado. Yo, principalmente porque en recepción se me han intentado colar y luego una chica antipática del hotel pretendía cobrarme el tercer desayuno (le he mostrado el papel de la reserva donde dice que está incluído, y ni tan sólo se ha disculpado). Miss u, Aguitap.

Mañana de compras en el Mall. Abren a las 10 pero media hora antes hay bastante gente esperando para entrar. Nosotros optamos por el Jollibee, donde tiene unas bonitas “parols” de Navidad colgando del techo y desde donde se podrá acceder directamente al Mall cuando abran las puertas.

Las portadas de los diarios filipinos muestran el espeso manto de humo con el que amaneció la ya de pero sí contaminada Manila después de los petardos de Fin de Año, que por cierto no han causado grandes desgracias esta vez. Sólo un muerto y apenas 230 heridos, según datos oficiales, claro. Hace un par de días el presidente del país pedía un “endurecimiento” de la ley sobre la pirotecnia.

A las 12h es el check-out. Comemos algo en el Chow King y acompaño en taxi al aeropuerto a Luz y Carina a las 14h. (su vuelo de Singapore Airlines es a las 17h.) y vuelvo al hotel. Como en la ida, viajamos en compañías y horarios diferentes (mi cambio de billete a última hora me dejó sin plaza en Singapore Airlines), aunque la vuelta, por lo menos, ¡viajamos el mismo día!.

Para compensar un poco mi vida sin pan de los últimos días, me voy al cercano Robinsons Mall a probar por primera vez una de las populares pizzas del Greenwich. Los grandes centros comerciales filipinos continuán siendo un auténtico cruce de modernidad y tradición. Encuentro, por ejemplo, una parada donde sirven “buko juice”, zumo de coco fresco, como el que nos tomamos en Currimao. Aunque aquí los cocos ya vienen cortados, claro, no hay que subirse a ninguna palmera. Me llevo uno a la pizzería y, tras hacer una poco de tiempo, pillo mi equipaje y salgo para el aeropouerto pasadas las 17h. En los dos viajes en taxi hemos tardado media hora escasa. Mi vuelo es a las 20.50h con KLM.

Volvemos a Barcelona, en definitiva, cruzando el cielo de Asia por dos rutas paralelas: yo por Cantón (China) y Amsterdam y ellas por Singapur. Llegan puntualmente a las 6 de la mañana a El Prat, tras unas 20 horas de viaje, y las recoge mi madre. Yo llego hacia el mediodía (con dos horas de retraso por un problema técnico en Amsterdam, cambio de avión cuando ya habíamos embarcado) y me recoge mi padre tras 22 horas de viaje..

Nos encontramos en casa en Sabadell. ¡Mabuhay!

FIN

Donuts en Manila

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2013. Todos los derechos reservados

EPÍLOGO:
Aquí termina, tres semanas después del regreso, el relato de una Navidad en Filipinas que tenía que contar “más o menos en directo”… Pero lo primero era vivirlo y después dedicar un poco de tiempo a procesar la experiencia y resumirla con una pequeña selección de los centenares de fotos que se acumulan en las targetas de memoria.

Uno tiene sus dudas sobre si aquello que escribe va a interesar a alguien, si se está alargando demasiado o si está contando historias demasiado personales… Pero ha sido muy divertido encontrarme por la calle papás del cole, familiares, amigos o personas insospechadas que seguían el blog casi a diario y me animaban con sus comentarios positivos. Decenas de familiares filipinos lo seguían también desde Madrid, Filipinas… o ¡Hawaï, Estados Unidos y Dubai!

Según las estadísticas de WordPress.com, el blog ha llegado a tener una media de unas 300 visitas diarias (en realidad son “clicks” por día, no visitantes absolutos, pero la cifra me ha sorprendido gratamente), con el récord de 563 “views” el martes, 8 de enero. ¡Increíble! El total hasta hoy es de 5.412 visitas.

¡Gracias a todos por vuestro interés y paciencia! Y por vuestras risas, que de eso se trataba, mientras intentaba transmitir curiosidades de este grande, fascinante y desconocido país, que fue colonia española durante unos 330 años, y que me ha acogido con los brazos abiertos por circunstancias singulares y que todos ya conocéis. Tengo que decir que he evitado repetir muchos datos sobre su historia, su cultura o sus costumbres que ya expliqué en la primera parte, Arroz, karaoke y SMS (crónica de unas Navidades en Filipinas)

Por último, tal vez añada unos “posts” más los próximos días como “álbumes de fotos” que merecían ser publicadas pero que no tuvieron cabida en su momento.

MARAMING SALAMAT PO

Carles Cascón, 24 de enero de 2013

¡Y llegó el gran día! (El día en que Jollibee llegó a Aguitap)

Jollibee party

Jueves, 27 de diciembre de 2012

Para alguien como yo, que unos 15 años atrás no tenía ni remotamente en sus planes casarse, ni tener hijos, ni por cierto viajar a Filipinas, ni mucho menos bautizar a mi hija de cinco años en un pequeño pueblo del norte de Filipinas y celebrarlo con un show por todo lo alto… el pasado 27 de diciembre de 2012 fue un día para recordar.

De entrada, no es del todo fácil explicar a la protagonista el sentido de la celebración, o por qué hay un señor semidesnudo sangrando en una cruz, por ejemplo -los bebés de pocos meses tienen el detalle de no preguntar-, pero nada es imposible y mi mujer, que es la que tuvo la idea, afronta su labor de buena filipina cristiana con dedicación y paciencia.

Mi gran familia filipina agradece este gesto, lo vive con intensidad y devoción, y yo lo asumo como un cumplimiento con una parte de sus raíces. Es difícil de explicar, y para algunos quizás de entender, pero la emoción que condensa este día me confirma que, a parte de que la vida no deja de sorprenderte y hay que estar abierto a todo, siempre hay que buscar la esencia de todas las cosas, universal y aleccionadora per encima de las formas con las que cada cultura ha aprendido a vestirla. Y con humildad y generosidad por encima de todo.

Bautizo

“Welcome to the Christian World”
La cita era a las 8 de la mañana en la St. James Parish Church de Solsona (Ilocos Norte), y aunque una hora antes el movimiento ya era intenso en nuestra casa y el barangay, todo apuntaba a que empezaría a “hora filipina”, es decir, más tarde de lo anunciado.

Nos esperaba un “jeepney” alquilado para la ocasión como nuestra particular limusina filipina. Esto y todo lo demás estaba en manos de Heide, la hermana de Luz y RRPP para este gran día. Mientras la plaza de Aguitap se llenaba de globos y el resto de la familia acababa de vestirse, me di una vuelta por el barangay y descubrí al grupo de “Boy” Corpuz troceando un gran cerdo y a pocos metros, pero viva, una vaca destinada a seguir en breve su mismo camino.

Me invitaron a presenciar el sacrificio al estilo filipino. Ataron a la vaca a un árbol por la cabeza y la ducharon de agua con la manguera para proceder a adormecerla un poco. ¿Cómo? Un hombre lleva una batería colgada a la espalda de donde salen dos barras con un cable en la punta que, aplicadas sobre el cuerpo del animal al mismo tiempo, le producen una fuerte descarga. O no tan fuerte, según comprobé en el nervioso animal. Decidí alejarme del lugar cuando, tras este primer shock, uno de ellos empezó a golpear la cabeza de la res en el suelo con un gran tronco, supongo que como complemento manual de la “anestesia” antes de pasar al cuchillo.

La algarabía y risas de los de la matanza del cerdo me devolvió el ánimo y me fui hasta el jeepney a ver como estaba la cosa. Era un día para celebrar la vida.

Reportaje

Poco antes de subir todos al jeepney conocí a los dos chicos que debían hacernos el reportaje fotográfico y de vídeo, una idea de última hora de Heide. Una factura más que pagar. Uno llevaba una reflex pero sin flash adicional, sólo el pequeño flash de la propia cámara, y el segundo cargaba una pequeñísima handy-cam en la palma de la mano. Les di un par de indicaciones y sugerencias (básicamente que hicieran un reportaje lo más natural posible y evitaran las poses), pero la verdad es que no esperaba gran cosa con este material (luego me sorprenderían: lo editaron todo en dos días con un resultado bastante digno). Así que me colgué mi cámara al cuello y seguí con lo mío.

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Y empezó la fiesta. Subimos todos al jeepney y los fotógrafos nos persiguieron hasta Solsona entre campos de arroz, vacas y calabaos. A la llegada, tras llenar el formulario en la parroquia y pagar, nos enteramos que bautizaban a cuatro niños en total esta mañana, pero que la ceremonia se retrasaría porque el cura venía de otra misa matutina en un pueblo algo alejado de Solsona. Y cuando finalmente llegó, nos pidió unos minutos de descanso del calor y el viaje.

Luego conversamos con él. Resulta que hablaba español, estuvo en Madrid pero no había practicado lo suficiente como para oficiar en esta lengua. Se disculpó. Al final, si nos parecía bien, bautizaría primero a los otros tres niños en ilocano y después a Carina en inglés. Le explicamos el por qué de bautizar a nuestra hija en la tierra de su abuela materna, y le conté que no podía evitar pensar en la historia que comparten mi país y el suyo. Le dije que me sentía extraño que, viniendo de un país cada vez más laico o ateo, estuviera bautizando a mi hija en otro país a 11.000 kilómetros donde hace casi 500 años llevaron la cruz los colones españoles… Pero no recogió el guante, y nos pusimos a ello.

Ceremonia

La ceremonia, con Carina de pie y sujetando ella misma una vela, transcurrió en la estricta intimidad. Todo lo contrario de la fiesta que nos había preparado mi cuñada en Aguitap.

La verdad es que fue todo un éxito para los niños, que se lo pasaron en grande. A mí el escenario, y un poco todo, me pareció un pelín excesivo, con sus globos, peluches, Bob Esponja, regalos, Hello Kitty, etc. Pero en fin… El mago y la payasa rubricaron un divertido show que incluyó figuras con globos, chistes, juegos con el público que hicieron furor, niños bailando el Gangnam Style… y el espectáculo de magia me sorprendió gratamente. No estuvo nada mal, muy completo, incluso por encima de la mayoría de magos que suelo ver yo en fiestas infantiles en mi país.

Hasta aquí todo bastante bien y las decenas de niños rieron y abrieron los ojos como platos. Pero luego entraron en escena las mascotas, con las que todo el mundo quiso fotografiarse, y la música machacona se repetía a todo volumen. Cuando parecía que todo podría terminar de forma más o menos redonda… resulta que aún quedaba el show de Jollibee.

Jollibee, el McDonalds filipino (con influencias gastronómicas locales), es todo un icono aquí. Su “pack” incluye comida y show, según acabo de descubrir, así que los camareros-presentadores se ponen a bailar y a animar al personal. Traen también a su mascota, a la que todo el mundo agasaja como si fuera Justin Bieber, sacándose fotos solos o en grupo, así o asá, abazados o besándole, bailando o sentados… En fin. Carina ya está cansada de tanta foto y tanta fiesta, yo intento sin mucho éxito que alguien baje el volumen de la música (ya llevamos media docena de Gangnam style…) pero no queda otra que esperar el momento de la comida.

It’s the first time Jollibee in Aguitap!

La noticia, según conoceré más tarde, es que es la primera vez en la historia de Aguitap que Jollibee llega al barangay. Todo un hito que hace feliz a los niños y, supongo, pone Aguitap en el mapa. “It’s the first time Jollibee in Aguitap!”, insiste mi cuñada, orgullosa. Hasta ahora sólo sabían de esta fiesta por catálogo. Bueno, me alegro de haber hecho posible este sueño.

Repartimos entre todos unos 150 packs de spaghetis, bebida y helados (la máquina de helados es otro «extra» muy apreciado en Aguitap) y por fin la fiesta de Mi Gran Bautizo Filipino llega a su recta final. Bueno, no del todo, porque ahora queda la comida de los adultos y del grupo de niños má allegados (con spaghettis con pollo) en nuestra casa. Unos 150 invitados más que desfilan plato en mano, se lo llenan de comida (¡hay lechón de Nanay!) y acaban con casi todo en una media hora.

Estamos agotados, e intentamos relajarnos en la habitación del primer piso, con la terraza con vistas al campo, con unos pocos niños que le han traído regalos a Carina. Los platos abandonados en el patio por decenas de comensales empiezan a atraer a las gallinas.

Por la tarde salimos a pasear por el campo, pero nos queda poco tiempo de relax. Estamos invitados, hoy, a otra celebración. En la plaza hay la fiesta de unos familiares, con varios bautizos y un cumpleaños de un niño de 8 años todo junto. No hay que ir tarde porque será un “early dinner” (cena temprana), a eso de las 8 de la noche. Cumplimos como buenos vecinos de Aguitap, por descontado.

P.S.: Esta crónica tenía que ser un blog “más o menos en directo” pero, como se puede ver por las fechas, ha acabado siendo «más menos que más». Con tanta fiesta, me disculparéis los días de “décalage” y que lo actualice ya desde casa, donde volvimos el 3 de enero.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados

Cuenta atrás del bautizo

Aguitap, rice fields

Aguitap, rice fields

25 de diciembre de 2012

El Gran Bautizo Filipino ha entrado en la cuenta atrás, la vida navideña del barangay está en todo su apogeo y, como era de esperar, no he tenido ni una pausa para escribir con calma y conectarme con éxito a la wifi-zone. En este pueblecito donde a cada minuto tropiezas con algún familiar que te da conversación o entra en tu casa para conocerte y darte un cálido “Merry Christmas”, cualquier intento de establecer un horario o disciplina personal es tarea imposible. Por otra parte, es una de las gracias de Aguitap: siempre hay alguna sorpresa que rompe la supuesta rutina. Entre vivir/compartir y escribir, escojo lo primero.

En un breve paseo, por ejemplo, puedo acabar asisitiendo al descuartizamiento público del último cerdo sacrificado por Navidad o observando las labores de la cosecha del arroz, a las que me sumo por un rato para conversar con los “farmers”. Cortar los manojoso secos de arroz con una pequeña hoz y separar los granos a golpes sobre una rejilla, para después secar los granos al sol en mitad de la carretera.

La cena de Nochebuena, en la más estricta intimidad -unas 25 personas-, la hemos celebrado con la típica informalidad del barangay. La gente se llenó su plato de pollo, arroz, carne, verduras al estilo chop-suey i los inevitables rollitos “lumpiang shanghai” que ofreció Nanay en la base giratoria de la mesa de narra del comedor. El resto del barangay, no obstante, cumplía con la tradición de esperar a la medianoche.

Primeros días en Aguitap: pasear por el campo con sombrillas (colorida costumbre asiática para protegerse del sol), asisitir a una boda de unos balikbayans de Hawaï en la plaza (donde baila Carina con las niñas), salida de las niñas en el tricycle de Aldrin, compartir “pulutans” (la versión local de las tapas y copas) con los hombres -muchos de ellos “sea-men” con historias por contar de su trabajo en barcos por lejanos mares, aunque te lo sueltan con cuentagotas-, la cena multitudinaria (una expresión redundante aquí, lo sé) en casa de Auntie Sitang por su cumpleaños, una jam-session navideña de los jóvenes con guitarra, teclado y cajón en la puerta de nuestra casa…

Y la visita al Mall, claro. Hay uno nuevo en Laoag, el Robinsons, que está triunfando. Merece mi próximo post.

Bodas “eat and run”

Las bodas pueden tener estilos variados pero hay una estampa común, que es la gran cola que se forma cuando, dado el pistoletazo de salida del ágape, se forma con decenas de personas para llenarse el plato con el bufet. Una parte de los invitados del bodorrio hawaiano al que nos han invitado podemos sentarnos en elegantes mesas redondas de manteles rojos y blancos y ser servidos por camareros. Pero todo el que quiera puede sumarse a la cola y comer en cualquier rincón de la plaza, plato en mano. La multitud acostumbra a disolverse tan pronto se ha llenado el estómago.

Esta es una de las grandes ventajas de las bodas filipinas, que no tienes que aguantar compañeros de mesa aburridos durante interminables horas, mientras esperas el primer, segundo o tercer plato, los postres, el pastel y el café… “This is very practical”, te dirán aquí del sistema filipino. Y están en lo cierto. Ser “practical” es otra de las virtues filipinas que admiro y envidio. “Eat and go”, podríamos resumir. Eso sí, antes siempre hay que bendecir la comida con todo el mundo en pie.

A los “balikbayans” de Hawaï la boda no les habrá resultado nada barata. Y es que en realidad celebran tres. La primera, que fue el bodorrio de verdad por todo alto, ha sido en Fort Ilocandia, el exclusivo resort-casino de playa de Ilocos Norte. Ahora celebran otra fiesta en Aguitap, para el pueblo, pero luego les queda la obligada boda en Hawaï, claro. “Pero será dentro de un año o así”, me cuentan los novios, sentados solos en una mesa que preside la plaza, mientas él, vestido con un simple polo a rayas rojas y blancas -very practical, también-, espanta alguna mosca que se acerca a sus platos.

La vida sigue en Aguitap. Y Carina no para. Aunque la pierdas de vista durante buena parte del día, sabes que está siempre en casa de alguien conocido a jugando con otros niños. A su rollo.

La pillamos un momento para visitar a “auntie” (tía) Laring, que tiene en el salón de casa una gigantesca figura de St. James (Santiago), que con su gran bandera blanca da nombre a la parroquia de la Iglesia Filipina Independiente de Solsona, Ilocos Norte. Todo un icono aquí.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados