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Cuenta atrás del bautizo

Aguitap, rice fields

Aguitap, rice fields

25 de diciembre de 2012

El Gran Bautizo Filipino ha entrado en la cuenta atrás, la vida navideña del barangay está en todo su apogeo y, como era de esperar, no he tenido ni una pausa para escribir con calma y conectarme con éxito a la wifi-zone. En este pueblecito donde a cada minuto tropiezas con algún familiar que te da conversación o entra en tu casa para conocerte y darte un cálido “Merry Christmas”, cualquier intento de establecer un horario o disciplina personal es tarea imposible. Por otra parte, es una de las gracias de Aguitap: siempre hay alguna sorpresa que rompe la supuesta rutina. Entre vivir/compartir y escribir, escojo lo primero.

En un breve paseo, por ejemplo, puedo acabar asisitiendo al descuartizamiento público del último cerdo sacrificado por Navidad o observando las labores de la cosecha del arroz, a las que me sumo por un rato para conversar con los “farmers”. Cortar los manojoso secos de arroz con una pequeña hoz y separar los granos a golpes sobre una rejilla, para después secar los granos al sol en mitad de la carretera.

La cena de Nochebuena, en la más estricta intimidad -unas 25 personas-, la hemos celebrado con la típica informalidad del barangay. La gente se llenó su plato de pollo, arroz, carne, verduras al estilo chop-suey i los inevitables rollitos “lumpiang shanghai” que ofreció Nanay en la base giratoria de la mesa de narra del comedor. El resto del barangay, no obstante, cumplía con la tradición de esperar a la medianoche.

Primeros días en Aguitap: pasear por el campo con sombrillas (colorida costumbre asiática para protegerse del sol), asisitir a una boda de unos balikbayans de Hawaï en la plaza (donde baila Carina con las niñas), salida de las niñas en el tricycle de Aldrin, compartir “pulutans” (la versión local de las tapas y copas) con los hombres -muchos de ellos “sea-men” con historias por contar de su trabajo en barcos por lejanos mares, aunque te lo sueltan con cuentagotas-, la cena multitudinaria (una expresión redundante aquí, lo sé) en casa de Auntie Sitang por su cumpleaños, una jam-session navideña de los jóvenes con guitarra, teclado y cajón en la puerta de nuestra casa…

Y la visita al Mall, claro. Hay uno nuevo en Laoag, el Robinsons, que está triunfando. Merece mi próximo post.

Bodas “eat and run”

Las bodas pueden tener estilos variados pero hay una estampa común, que es la gran cola que se forma cuando, dado el pistoletazo de salida del ágape, se forma con decenas de personas para llenarse el plato con el bufet. Una parte de los invitados del bodorrio hawaiano al que nos han invitado podemos sentarnos en elegantes mesas redondas de manteles rojos y blancos y ser servidos por camareros. Pero todo el que quiera puede sumarse a la cola y comer en cualquier rincón de la plaza, plato en mano. La multitud acostumbra a disolverse tan pronto se ha llenado el estómago.

Esta es una de las grandes ventajas de las bodas filipinas, que no tienes que aguantar compañeros de mesa aburridos durante interminables horas, mientras esperas el primer, segundo o tercer plato, los postres, el pastel y el café… “This is very practical”, te dirán aquí del sistema filipino. Y están en lo cierto. Ser “practical” es otra de las virtues filipinas que admiro y envidio. “Eat and go”, podríamos resumir. Eso sí, antes siempre hay que bendecir la comida con todo el mundo en pie.

A los “balikbayans” de Hawaï la boda no les habrá resultado nada barata. Y es que en realidad celebran tres. La primera, que fue el bodorrio de verdad por todo alto, ha sido en Fort Ilocandia, el exclusivo resort-casino de playa de Ilocos Norte. Ahora celebran otra fiesta en Aguitap, para el pueblo, pero luego les queda la obligada boda en Hawaï, claro. “Pero será dentro de un año o así”, me cuentan los novios, sentados solos en una mesa que preside la plaza, mientas él, vestido con un simple polo a rayas rojas y blancas -very practical, también-, espanta alguna mosca que se acerca a sus platos.

La vida sigue en Aguitap. Y Carina no para. Aunque la pierdas de vista durante buena parte del día, sabes que está siempre en casa de alguien conocido a jugando con otros niños. A su rollo.

La pillamos un momento para visitar a “auntie” (tía) Laring, que tiene en el salón de casa una gigantesca figura de St. James (Santiago), que con su gran bandera blanca da nombre a la parroquia de la Iglesia Filipina Independiente de Solsona, Ilocos Norte. Todo un icono aquí.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados