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«Malling» y masaje en Laoag

Robinsons Mall Laoag

26 de diciembre de 2012
Uno de los grandes misterios de la Filipinas actual es que, mientras en España se cierran negocios uno tras otro, aquí no dejan de abrise tiendas, especialmente “malls”, centros comerciales de grandes dimensiones. Y se llenan cada día de masas de filipinos ansiosos por consumir… o no. Porque el “malling” es una actividad de ocio que a menudo no implica una compra más allá del helado o la hamburgesa. Se trata de pasear, relacionarse, pasar el rato lejos del calor y la polución del exterior.

Pero… ¿de donde sale el dinero?

Hay tres letras clave: OFW. Los “Oversea Filipino Workers”, los emigrantes filipinos que trabajan fuera del país de forma permanente o por temporadas, suman ya unos 10 millones, aunque algunas estimaciones llegan hasta los 13 millones. Es decir, un 10 por ciento (!) o más de la población filipina. Sus envíos mensuales de divisas, principalmente para ayudar a sus familiares, explican buena parte del milagro: un 13,5 % del PIB, la mayor contribución a la economía doméstica después de China, India y México. Su decisiva aportación a la riqueza del país se materializa, además de las remesas (oficialmente unos 21 billones de dólares en 2011, aunque se calcula que en realidad podría ser un 40 % más), en compra de propidades y apertura de negocios.

Pero no lo explica todo. La verdad es que Filipinas está creciendo, aquí se mueve dinero. Otra cosa es que se distribuya de forma equitativa, claro. Pero el nuevo presidente Aquino se está ganando el favor de sus súbditos por dos logros de capital importancia en este país de 7.107 islas, algo que puede marcar un antes y un después: la lucha contra la corrupción y los positivos datos económicos de los últimos meses. Un síntoma: la anterior presidenta, Gloria Macapagal Arroyo (GMA en los titulares de la prensa), continua con su condena domiciliaria/hospitalaria por corrupción. La detuvieron en la cama del hospital, cuando recibía tratamiento, y la noticia causó sensación entre el pueblo filipino. ¿Una nueva Era? Pronto se verá

Pero volviendo al “malling” de hoy, que tiene como objetivo encontrar algo de ropa decente para ponernos mañana en el bautizo de Carina, no deja de sorprenderme el nuevo Robinsons Mall de San Nicolás, a 5 minutos de Laoag City cruzando el puente. Se inauguró hace ahora exactamente tres años (el 3 de diciembre de 2009), ocupa una superficie de 22.220 metros cuadrados y ya están construyendo otro edificio de ampliación en el terreno vecino. En su página web se presenta como “the place where tradition and modernity meet” y se asegura que lo visitan medio millón de ilocanos. Decenas de tiendas, cafés y restaurantes, unos grandes almacenes, su Supermercado y el “Robinsons Movieworld – three (3) state-of-the-art cinemas” son algunos de sus atractivos.

Hoy las niñas han venido solas al Robinsons y parece que ahora están en el cine, viendo una película filipina en… tagalo. Carina me dirá luego que la ha entendido bastante porque era una comedia donde un hombre se vestía de mujer y hacía reír mucho. Muy filipino.

Nosotros llegamos más tarde, en 45 minutos de jeepney desde Solsona y luego en un corto viaje en tricycle desde Laoag hasta la famosa 365 Plaza de San Nicolás, al lado del Robinsons.

Buscamos también un salón de masajes/spa en el edificio de The Center que me recomendó un amigo filipino que vive en Mallorca (¡1 hora por 500 Php, menos de 10 euros!) pero el local está en obras y al final optaremos más tarde por otro centro mejor que descubrimos en Laoag City, donde hacen por el mismo precio un sublime Hilot Pilipino Massage, el masaje tradicional filipino (también llamado Pinoy Hilot). Es uno de los grandes lujos a precio asequible de este país, una verdadera experiencia sensorial de 1 hora y 15 minutos (menos de este tiempo no es completo, así que en principio no deberían ofrecerlo) que no tiene que perderse nadie que visite las islas.

Nuestro descubrimiento (Luz se regala un “Oriental Bentosa/ Pulling Cup” y yo el “Hilot”) se llama “Life Esentials” (2/F, M&P Bueno Bldg., Hernandez St. Laoag City, frente a la terminal de bus RCJ) y es un centro muy profesional dedicado al wellness, “the place for relaxation and tranquility”, donde ofrecen también Swedish, Thai, Shiatsu, Indian Head Massage y una larga lista de exfoliantes, ceras y “diamond peeling”. Las mujeres filipinas se ponen las botas aquí.
El otro centro, que imaginamos era el que nos recomendaron y pintaba muy bien, es Bare’n Bloom Skin Therapy/Spa, asimismo en Laoag City (3/F Enricos Bldg. Gen. Luna St.). Estos y algunos otros (como el Garry’s Thaï Massage) son auténticos templos del bienestar y la salud y, para que nos entengamos, de “estricta moral”, donde el extranjero es sólo una pequeña parte de sus clientes. Destacan su pertenencia a la Philippine Certified Wellness Therapist Association Inc. y advierten que sólo aceptan masajistas de “moral character”.

Bueno, la terapia nos va bien para el estrés pre-bautizo, no tanto por el trabajo de organizarlo sino porque, al contrario, nos lo organizan…

En la 365 Plaza aprovecho para comprarme una camisa “made in Thailand” que da el pego. Luz, más previsora, se trajo un magnífico vestido de casa para la ocasión. En el Robinsons hay tiendas de marcas como Guess, por ejemplo, pero a precios inasequibles para mí, lo siento.

Al lado hay una tienda de armas, con pistolas, revólveres y fusiles muy atractivos. Aquí en Filipinas tienen mucha salida.

Nos encontramos con las niñas en el Robinsons a la salida del cine. Están como pez en el agua en el Mall.

Compruebo que, en efecto, en el Robinsons, como en muchos malls, su unen tradición y modernidad: se puede comprar fruta fresca del país, cortada a trozos y vendida por raciones a muy buen precio, panecillos de ube (especie de mandioca) o cacauete, o comer platos tradicionales recién guisados de verdura, carne o pescado en la sección de restauranes o “eatery”.

¡Masarap! (delicioso).

Mañana, por fin… ¡el bautizo! Estrenaré camisa tailandesa de color púrpura.

Quizás ya debería reservar hora para un buen “Pinoy Hilot” pasado mañana…

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados