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Un Fin de Año que parece Sant Joan ( “it’s more fun in the Philippines”, again)

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Lunes, 31 de diciembre de 2012

La divertida, familiar y participativa fiesta de Fin de Año en Aguitap es una muestra más de que, ciertamente, “It’s more fun in the Philippines”, como bien presume el eslógan turístico nacional. En Filipinas todo es mucho más divertido.

En Aguitap lo que se celebra, de hecho, es la reunión del clan Valdéz en la plaza, donde todos colaboran con algo de comida hecha en casa. Se ponen arroz, verduras, pancit, ensalada dulce de pasta (macaroni salad), carne, pan (de molde) untado o pasteles en unas mesas en el centro y, tras la entrada del Nuevo Año, se hace un animado piscolabis que pronto deriva en canciones, baile o juegos en los que participan pequeños y mayores del extenso clan familiar.

No deben faltar los petardos, los que hacen mucho ruido. Porque hay que recibir el año que empieza con mucho ruido. Para ahuyentar los malos augurios, la energía negativa. El 31 de dicembre en Filipinas a mí me recuerda Sant Joan, no sólo por los fuegos aritificiales que estallan hasta bien entrada la noche sino también por la temperatura veraniega. El problema de tanta pasión por el ruido es que la venta de petardos, a menudo ilegales, tiene efectos desastrosos. Sobretodo cuando los utilizan niños. Lo comenté con algún detalle “gore” en mis primeras Navidades en Filipinas, haciéndome eco de las terribles noticias de sucesos publicadas en la prensa filipina al día siguiente (http://arrozkaraoke.wordpress.com/2012/01/10/capitulo-31-1-de-enero/).

Pero no es éste el caso de Aguitap, donde no llega la sangre al río y la fiesta transcurre con normalidad. Sin campanadas, sin televisión y sin uvas, celebramos el cambio de año con un gran corro en la plaza. Cantamos, nos damos las manos, las levantamos entre risas, nos abrazamos entre buenos deseos, bailamos… El “pastor” de la iglesia pronuncia unas plegarias en ilocano y un agradecimiento por el buen año vivido, micrófono en mano.

Acto seguido, los Valdéz más jóvenes desfilan ante los mayores para darles la mano en señal de respeto, un saludo que da pie a las fotos de grupos, alguien tiene la idea de posar en grupos por edades. Los teenagers, los de 20 a 30, de 30 a 40, de 40 a 50… Yo me convierto automáticamente en el fotógrafo oficial del evento y posan ante mí, entre risas y bromas, las decenas de miembros de la gran familia Valdéz. La foto más divertida es la última, la de los ancianos, porque alguien se percata de que falta una abuela en la foto y me piden un minuto. Suben corriendo al balcón de una casa, desde nos observa una familia, y bajan dos jóvenes cargando una abuela en brazos(supongo que con problemas de movilidad) con su bata de estar por casa hasta su lugar reservado en el photomatón. Más risas y flashes ¡Esto sí que es una fiesta!

Mientras siguen los potentes petardos que lanzan los jóvenes, la velada acaba con divertidos juegos para niños y mayores en la plaza, con dos grupos rivales.

Antes de ir a la cama, nos espera Auntie Laring en su casa, donde ha preparado comida, la obligada bandeja de fruta con 12 piezas distintas y redondas (buena suerte para los próximos 12 meses) y… ¡una piñata para las niñas! Su gigantesco St. James parece que nos bendiga con su gran bandera blanca de la Iglesia Filipina Independiente.

Ahhhh, el Fin de Año filipino me recuerda siempre a mi Sant Joan
Los filipinos que viven en Barcelona, a su vez, cada 23 de junio por la noche exclaman: “Qué bonito, parece Fin de Año!”

 

 

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2012. Todos los derechos reservados